La gran mayoría
de las veces el uso de suplementación con el objetivo de mejorar las dolencias
relacionadas con el síndrome metabólico no producirá otra cosa más que una
hemorragia financiera; sin embargo teniendo en cuenta los resultados de un experimento
realizado en Alemania, estos nos sugieren que hay mejores maneras de sangrarse
y mejorar parámetros tales como el metabolismo de la glucosa, presión arterial,
etc… (Houschyar, 2012).


Donar
o no donar, he ahí la cuestión

Aparte
de la mayoría de estudios previos en los que únicamente se descubrió una
asociación casual entre la tolerancia a la glucosa/diabetes y la cantidad de
hierro almacenado (ferritina) en aquellos sujetos obesos (Rajpathak. 2009),
Houschyar y cía
decidieron
poner a prueba la hipótesis de que existe una explicación mecanicista para las
asociaciones descubiertas en un ensayo de control aleatorizado, que involucró a
pacientes de 25 a 70 años que sufrían de alguna sintomatología relacionada con
el síndrome metabólico; todos ellos cumplieron al menos uno de los siguientes
criterios:


  • Exceso de adiposidad abdominal definida por una circunferencia de cintura >1020mm en hombres
    y > 880mm en mujeres.

  • Niveles bajos de lipoproteínas de alta densidad, es decir, HDL-C
    <40mg/dL  en hombres y  <50mg/dL en mujeres.

  • Hipertrigliceridemia indicada por unos niveles de triglicéridos en sangre
    superiores a  150mg/dL

  • Presión arterial superior a >130/85mmHg

  • Deterioro de la homeostasis de la glucosa, con glucosa plasmática en ayunas >
    110mg/dL
Después de la
criba inicial, quedaron un total de 64 pacientes ,dichos pacientes fueron
asignados de forma aleatoria a uno de los siguientes dos grupos:

  • Grupo de
    reducción de hierro
    , en los que los sujetos donaron sangre en el día 1 y en el
    día 28 durante las 6 semanas del estudio.
  • Grupo de control,
    a los cuales se les ofreció una flebotomía al final de las 6 semanas del
    estudio para de esta manera garantizar el compromiso de los pacientes, después
    de todo, muchos habían solicitado participar en el estudio con la esperanza de
    ver mejoras en respuesta al tratamiento.
A los sujetos de
ambos grupos se les recomendó que mantuvieran su dieta y medicación habituales para
minimizar los factores de confusión.
 Imagen 1: Protocolo de flebotomías empleado en el estudio

¿Entonces… debo sangrarme
cual cerda inmunda?

La respuesta a
esta pregunta sería SÍ, pero siempre que….

  • Sufras de
    hipertensión
  • Sufras de una
    mala tolerancia a la glucosa
  • Sufras de un
    ratio de colesterol HDL/LDL muy desfavorable
Ya que como
podemos ver en los datos de la siguiente imagen, todos los parámetros
anteriormente mencionados mejoran de forma significativa tras el sangrado.
Imagen 2: Cambios
en los diferentes parámetros medidos de los sujetos del estudio, en ambos brazos del estudio de 6 semanas (Houschya.
2012)

Esto también significa que ninguno de los siguientes parámetros mostró mejoras
significativas en comparación con los controles no flebotomizados:

  • Insulina
  • Adiponectina
  • PCR
  • Triglicéridos
  • Colesterol total
    y LDL

Hígado graso por
sobrecarga de hierro

Solo porque algo
tenga un nombre, no significa que realmente exista, como la implicación del síndrome
de sobrecarga de hierro dismetabólico
(DIOS) acuñado por Dongiovanni (Dongiovanni,
2011). Un síndrome, cuyo “diagnóstico” no tiene ninguna importancia
en el mundo real, al igual que su propia patogénesis, y que está
intrincadamente relacionado con el desarrollo de la enfermedad del hígado graso
no alcohólico (NAFLD) y la incapacidad subsecuente del hígado para almacenar,
liberar y administrar no solo hierro, sino también glucosa, lipoproteínas (HDL,
LDL) y toda la cascada enzimática del citocromo P450 que mantiene las hormonas
en equilibrio (Gautier, 2011).
Esto es algo que
el DIOS tiene en común con otro síndrome, ¿sabes cuál?; El temido
“síndrome metabólico”.
Entonces… si A genera
B y A genera C, ¿B desaparecerá cuando nos encarguemos de C? No, y adivina qué:
esto es exactamente lo que confirmó el estudio de Houschyar. 
Las hilarantes
reducciones en la presión arterial,
la glucosa en la sangre y, sobre todo, el
HOMA-IR, fueron todas “estadísticamente significativas”, pero dejaron
a los participantes del estudio aún obesos y   jodidos
metabólicamente (valga la redundancia), lo cual nos lleva a la conclusión de
que los cambios observados no fueron más que una consecuencia física de la
pérdida de sangre, especialmente aquellos relacionados con el metabolismo de la
glucosa, ya que los valores se alteran bastante cuando simplemente te “cargas”
las viejas células glicadas 2 semanas antes de la última medición y por lo
tanto, provoca que haya una mayor abundancia relativa de células sanguíneas no
glucosadas, en comparación con las medidas iniciales. 

Imagen 3:
Porcentaje de futuros soldados israelíes de operaciones especiales de 18 años
de edad que desarrollaron unos niveles anormales de hemoglobina (Hb) y
parámetro relacionados con el metabolismo del hierro después de 6 meses de
entrenamiento (Merkel. 2011).
Si observas más
detenidamente los datos de la Imagen 3, podrás ver que con un régimen de
entrenamiento muy demandante, es relativamente fácil desarrollar algún tipo de
deficiencia de hierro, y los sujetos del estudio no encajan para nada con el
arquetipo de persona sedentaria, obesa y generalmente, con una alimentación
deficiente, por lo que podemos decir que los resultados son extrapolables a tu
caso, si no fuera porque te tocas los huevos a dos manos entrenando ;).
Imagen 4: Perfil
de metabolismo del hierro básico y serie roja en un sujeto promedio tras estar
varios meses en dieta hipocalórica (izquierda), quizás el uso de un
multivitamínico no sea tan malo después de todo, aunque comparándolo con la
serie roja típica de un usuario de esteroides (derecha), quizás donar sangre de forma
frecuente no sea tan mala idea en estos perfiles

¿Y si soy un atleta NATURAL?

Como bien es sabido por todos, todo buen ATLETA NATURAL que se precie con el uso de suplementos naturales como la testosterona está en riesgo de sufrir poliglobulia; dentro de este abundante grupo de personas, el uso de flebotomías de forma frecuente o al menos, ir a donar cada vez que te dejen, es un hábito digamos “protector”.

Sin indagar mucho más ya que llevo en torno a las 1.000 palabras y no merece la pena alargar mucho más esto ya que probablemente no lo lea mucha gente, para saber cuánta sangre debemos “quitarnos” o mejor dicho, cómo serán nuestros números tras quitárnosla, podemos hacer el siguiente cálculo:

  1. Peso corporal (kg) x 77 será S1
  2. Hematocrito x S1 será G1
  3. Hematocrito x Sangre extraída será G2
  4. G1 – G2 será S2
  5. S2 / S1 será el nuevo hematocrito